David y su esposa Lisa jamás se imaginaron que iban a verse obligados a depender de una despensa de alimentos para alimentar a sus cuatro hijos y a ellos mismos. “Esto me ha enseñado que nunca debes juzgar a alguien si no has caminado en sus zapatos,” dice Lisa.
Cuando comenzó a complicarse la situación económica en el 2007, David y Lisa, dos graduados universitarios, se enfrentaron a una deuda de negocios por $30,000 y sin ninguna esperanza de poder conservar el taller de reparaciones de autos y camionetas que habían heredado de los padres de David. Después de perder su negocio, David logró conseguir trabajo como mecánico, pero poco tiempo después la recesión se profundizó y perdió este trabajo por reducciones de personal. Pasaron meses hasta que consiguió un empleo arreglando máquinas fotocopiadoras. La caída en sus ingresos fue tan severa que todavía continúan usando la despensa de alimentos.
David, Lisa y sus niños viven en el norte de Massachusetts. Historias como las de ellos han sido muy frecuentes en el país desde el comienzo de la recesión. Y tal como Lisa, muchos expresan la empatía que esta experiencia les ha despertado, al encontrarse caminando en los zapatos de los que padecen de hambre.
‘Soy una persona espiritual, y sólo puedo preguntarme por qué Dios me ha conducido a esta situación,” dijo Michael Brown de Los Angeles, un profesional de la salud mental con una maestría, que se ha visto sin trabajo por cerca de un año cuando su historia fue publicada en el Los Angeles Times, en enero del 2009. Cuando ya no había otro lugar adonde acudir, él y su hija de 9 años comenzaron a utilizar el sistema de alimentación de emergencia de su ciudad. “Es una situación humillante,” afirmó.
Recesión, Recuperación, Adaptación
El título del Informe del Hambre 2010, Una Recuperación Justa y Sostenible, no deja dudas de que la peor recesión en 75 años es solamente un punto de partida. Pero este informe mira hacia el futuro. Así como después de la noche viene el día, las recuperaciones suceden a las recesiones. Muchas cosas continúan siendo inciertas respecto a cómo se desenvolverá la recuperación, o si será justa o sostenible. Pero las cosas no continuarán como antes, sin cambios. La manera en que el país se recupere será un veredicto en los hechos respecto a muchas de las acciones que provocaron que esta recesión haya sido peor de lo que tendría que haber sido.
En el largo plazo, la principal amenaza contra una recuperación sostenible puede provenir de una incipiente crisis que recién ahora parece que estamos comprendiendo: el calentamiento global. Las acciones que empujaron a la economía a una recesión están en un sentido magnificadas por la explotación de este único e irremplazable recurso natural. “Hemos creado un estándar de estilo de vida tan elevado que no es posible pasarlo a nuestros hijos,” señaló un analista. Continuar este consumo irresponsable de combustibles fósiles equivale a las acciones de los especuladores que arruinaron la economía creando una burbuja insostenible de activos.
El calentamiento global es un gran desafío—y también una gran oportunidad económica. El Informe del Hambre 2010 se asocia al potencial de creación de empleos ecológicos derivados de una ecologización de la economía, que también tiene potencial como modo para reducir la pobreza. Una economía ecologizada puede tener diferentes significados para diferentes personas, pero en este informe nos referimos a la transformación de la infraestructura energética de la nación: desde la actual dependencia de combustibles fósiles intensivos en carbón hacia una fuerte adopción de formas de energías limpias y renovables, como la energía solar, eólica y geotérmica. La creación de una economía ecologizada también significa invertir en estrategias eficaces en cuanto a costos para incrementar la eficiencia en el uso de la energía, como es el caso de la climatización de casas y oficinas para incrementar la eficiencia en el uso de la misma. De hecho, esta sería la manera más rápida de reducir las emisiones de gas de efecto invernadero que son las responsables del calentamiento global.
Energía limpia y energía eficiente son dos cuestiones que pueden involucrar una porcion significativa de la fuerza de trabajo de Estados Unidos al menos por una generación y quizá hasta por varias. Inversiones públicas y privadas destinadas a ecologizar la economía también pueden asegurar que la recuperación sea sostenible por muchos años.
Una recuperación justa
El camino de una familia para salir de la pobreza tiene varios elementos claves. Indudablemente el trabajo continúa siendo el mejor programa contra la pobreza. Pero millones de familias permanecen en la pobreza, o al borde de la pobreza aun cuando la madre o el padre, o ambos al mismo tiempo trabajan duramente para ganarse el sustento. Con iniciativas como el fortalecimiento del Crédito Impositivo al Ingreso Ganado, podemos ayudar a las familias de bajos ingresos a conservar una mayor parte de su salario.
Cuando la madre y el padre consiguen buenos empleos, es cuando las familias logran eliminar el hambre. Para que una recuperación sea justa, ésta debe hacer más que solamente reemplazar trabajos perdidos con empleos nuevos que mantengan esta sombría tendencia de salarios en declive y creciente inseguridad financiera. La economía de Estados Unidos tiene que producir mayor cantidad de buenos empleos. Esto significa trabajos con salarios suficientes para cubrir los gastos básicos de subsistencia y el mismo tipo de beneficios que los trabajadores de clase media reciben habitualmente, como un seguro de salud a precio razonable, días de incapacidad pagados, un retiro o un plan de ahorro, y oportunidades para el desarrollo profesional.
Los trabajadores de bajos salarios pueden encontrar un camino para el desarrollo profesional a través de los empleos ecológicos—teniendo en cuenta que son carreras, más que empleos, los que le brindan a las personas la posibilidad de afianzarse como clase media. “Trabajos ecológicos” suena como algo completamente nuevo, sin embargo son en su mayoría trabajos que ya existían pero a los que se le agregan algunos nuevos elementos. Un techador ecológico es como cualquier otro techador, excepto por el hecho de que ha recibido entrenamiento para construir techos eficientes en el uso de la energía. Una productora de células solares es una productora ecológica en el sentido de que ella está produciendo partes para la industria de energía limpia, que continúa siendo un empleo en la industria.
El empleo es la principal fuente de ingresos de la familia, pero también existen otros componentes que conducen a la seguridad económica: viviendas estables; ahorros para objetivos de largo plazo como la compra de una casa o asistir a la universidad; buenas escuelas adonde los niños puedan obtener educación de calidad. Estos son todos activos importantes que pueden promover la movilidad intra- e inter-generacional.
En el transcurso de una vida, un graduado universitario promedio gana un millón de dólares más que un graduado de estudios secundarios. Pero el porcentaje de graduación de incluso los mejores estudiantes de familias pobres palidece en comparación con el de sus colegas de familias de altos ingresos. Claramente, los ahorros son un activo que ayuda a que las familias paguen la educación universitaria. Sin embargo, las políticas gubernamentales premian a las familias de medianos y altos ingresos con generosas ventajas impositivas para generar ahorros, pero no hacen prácticamente nada para promover el ahorro de las familias de bajos ingresos. Aún para recibir asistencia alimentaria del gobierno, incluso por cortos períodos, las familias se ven obligadas a gastar sus ahorros.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, las políticas gubernamentales hicieron mucho más para promover la movilidad económica de lo que se ha hecho en décadas recientes. Leyes como la ley para veteranos (G.I. Bill), por ejemplo, ayudaron a crear millones de nuevas familias de clase media al poner a su disposición préstamos hipotecarios y becas universitarias para los veteranos de guerra que volvían a sus casas. Un esfuerzo transformador como este no ha sido intentado en décadas.
Tanto en la cima como en el fondo de la escala de ingresos—arriba del percentil 90 y por debajo del décimo percentil—las probabilidades indican que en términos de ingresos, los niños finalizarán en el mismo lugar que sus padres. En la cima, los padres logran traspasar su riqueza a sus hijos, y eso está muy bien. El problema, por supuesto, es la falta de oportunidades para aquellos que nacen en el 10 por ciento más pobre. El futuro de ninguna persona debe estar predeterminado por sus circunstancias al nacer. Las familias de bajos ingresos necesitan un mejor conjunto de políticas que los ayuden a superar las desventajas y obstáculos que les impiden escapar de la pobreza. Una Recuperación Justa y Sostenible describe cómo las políticas gubernamentales pueden alentar y respaldar a las familias de bajos ingresos que están contribuyendo con su propio esfuerzo para salir de la pobreza.
Las circunstancias familiares son uno de los lentes a utilizar para comprender cómo las familias terminan en la pobreza. Muchas veces es el único lente. Cientos de comunidades en todo el país permancen estancadas en la pobreza, y sin la ayuda que necesitarían para poder salir de ese estancamiento. Estas personas pueden pertenecer a comunidades en las que no se encuentran trabajos que paguen salarios suficientes para sostener una familia, o pueden carecer de servicios de transporte que los lleven a los lugares donde se encuentran los mejores trabajos. También pueden faltar otros servicios básicos, como cuidado de la salud, bancos, áreas seguras para el esparcimiento de los niños, o incluso supermercados adonde hacer sus compras.
Las soluciones para la “pobreza derivada de la localización” requieren más que lo que se hace para ayudar a familias individuales. En realidad es mucho más difícil transformar una comunidad que brindar beneficios a una familia individual. Pero el contínuo descuido de comunidades persistentemente pobres es un factor cuyas consecuencias son importantes para los niños que crecen en esas mismas comunidades. Académicos del Pew Research Center, analizando décadas de datos, sostienen que al analizar por qué los niños que crecen pobres luego continúan siendo pobres como adultos, concluyen que el factor más significativo es el nivel de pobreza de las comunidades en las que crecen. Este factor tiene un peso mucho más significatico que el nivel de ingreso de los padres, la educación o el estado civil.
En su campaña por la presidencia, el entonces Senador Obama prometió que acabaría con el hambre infantil en Estados Unidos para el 2015. Desde su llegada a la Casa Blanca ha confirmado este objetivo. Si somos serios respecto a alcanzar el objetivo de acabar con el hambre infantil, tenemos que resolver las debilidades y reforzar las fortalezas de las comunidades pobres.
Una Recuperación Sostenible
Acabar con el hambre infantil en Estados Unidos es un objetivo alcanzable. Mientras el presidente, el Congreso, y los funcionarios estatales y locales han estado sacando a la nación de su peor recesión desde 1930, también ha llegado el momento de repensar qué es lo que define el verdadero progreso. Quizá nada como la aceptación del hambre infantil nos muestre más claramente cuán equivocados son los valores de nuestra sociedad, ya que esta aceptación pone de manifiesto nuestra indiferencia respecto al destino de futuras generaciones.
Una recuperación sostenible en los Estados Unidos también va a depender en un grado significativo del desarrollo de los países pobres. Ningún país ha logrado evitar el dolor de esta recesión. Los países pobres han sufrido aún más como consecuencia de su condición inicial de debilidad. En el 2009, el número de personas que vive en condiciones de hambre crónica ha pasado el umbral de los mil millones, creciendo por más de cien millones en un poco más de dos años, una forma estridente de cuantificar el sufrimiento que ha causado esta recesión.
El calentamiento global, quizá en mayor medida que cualquier otro desafío enfrentado por la comunidad internacional, ilustra cuán interconectados están nuestros países. Las emisiones de las plantas de carbón en Estados Unidos y en China contribuyen a la pérdida de tierras cultivables y al incremento de los niveles de los mares en Bangladesh. La eliminación de selvas en América del Sur y en Africa contribuye a la severidad de los huracanes en el Caribe y en el golfo de Mexico. La atmósfera de la tierra no reconoce las fronteras de ningún país.
Los científicos están de acuerdo en que con el advenimiento de la Revolución Industrial en el siglo 19 comenzaron tambien las contribuciones humanas significativas para el calentamiento global. Las emisiones de los países que más se han beneficiado desde el comienzo de la industrialización—Europa Occidental y Estados Unidos—empequeñecen a aquellas de los países en desarrollo.
El calentamiento global agrega mayor tensión sobre los países en desarrollo, que ya son vulnerables. El Africa sub-sahariana y el Sur de Asia, simplemente por su tamaño, población y pobreza, serán probablemente las principales zonas cero en un mundo con recalentamiento temperaturas crecientes, obligado a lidiar con niveles crecientes de los mares, desertificación y el resultante desplazamiento de las poblaciones. Una Recuperación Justa y Sostenible aborda la responsabilidad de los países ricos, incluyendo a los Estados Unidos, en procurar ayuda para que los países pobres se adapten a los efectos ya inevitables del calentamiento global.
El desarrollo y la adaptación pueden (y muchos sostendrían que tienen) que ser abordados conjuntamente. Parte de la mejor adaptación es, de hecho, un crecimiento económico que brinde a las familias y a los países pobres los recursos que necesitan para ajustarse y enfrentar los cambios. Estos fondos para la adaptación deben ser adicionales a la Asistencia Oficial para el Desarrollo (ODA en inglés), ya que el desarrollo y la adaptación no pueden competir dentro de esta misma fuente de recursos.
Los países ricos también tienen la responsabilidad de compartir con los países pobres tecnologías de energías limpias. Ecologizar la propia economía, si bien es bueno en sí mismo, no es un punto de partida para abordar la crisis global interconectada. Los países pobres no pueden desarrollarse sin energía, y no podemos pretender que ellos frenen ese desarrollo hasta que las energías renovables maduren y se vuelvan económicamente accessibles para todos.
Este informe enfatiza los beneficios mutuos asociados con el crecimiento económico y la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero. Actualmente, el futuro de ningún país está asegurado a menos que todos los países reduzcan su dependencia de combustibles fósiles e incrementen el uso de energías limpias. El crecimiento económico y la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero no solamente pueden ocurrir simultáneamente, sino que pueden reforzarse entre sí, de la misma manera en que empleos ecológicos en Estados Unidos pueden proveer empleo productivo y promover uso eficiente de la energía y crecimiento económico.
En definitiva, para medir el éxito de la recuperación económica deberá observarse si hay una reducción significativa de el número de personas que padecen hambre en Estados Unidos y a nivel mundial. Este informe tiene como propósito desafiarnos a todos a pensar de manera creativa y constructiva respecto a cómo la recuperación económica, el calentamiento global y la pobreza pueden ser tratados de manera conjunta—y para el beneficio de todos nosotros.


